Cuando la economía se pone difícil, el tema de la migración y el trabajo vuelve a surgir en la conversación pública. Surgen preguntas, preocupaciones y también opiniones tajantes. Pero si dejamos de lado los prejuicios y miramos los datos, existe una perspectiva diferente: la participación migrante forma parte activa de la economía y contribuye de manera directa ayudando a fortalecer el mercado interno argentino.
Por Mishel Yelitza Medina Ch.
En tiempos de crisis, suelen aparecer explicaciones simples para problemas complejos. Una de las frases que se repite es que “los inmigrantes se aprovechan del país”. La idea circula en charlas y debates, sobre todo cuando crece la preocupación por el empleo, los salarios y el gasto público. Pero cuando se revisan los datos oficiales, el panorama es más amplio y menos alarmante de lo que muchas veces se plantea.
Según resultados del Censo 2022, la cantidad de inmigrantes en Argentina actualmente representan aproximadamente el 4,2 % de la población total, que alcanza los 46.234.830 habitantes, sumando casi 2 millones de personas. Esto muestra que la presencia extranjera es moderada y no constituye un fenómeno que desborde el sistema ni explique por sí solo los problemas del empleo.
Según registros del RENAPER y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), los trabajadores migrantes representan cerca del 3.9 % del empleo formal registrado. Gran parte de ellos se inserta en sectores con alta informalidad, como comercio, construcción y servicio doméstico. Son trabajos exigentes, muchas veces inestables y con menor protección laboral, lo que refleja que la mayoría no ocupa posiciones privilegiadas dentro del mercado laboral.
Pero los aportes de los migrantes no se limitan al trabajo formal. También dinamizan la economía y la vida cotidiana a través de consumo, emprendimiento y movimiento barrial. Algunos ejemplos concretos muestran cómo su presencia impacta positivamente en distintos sectores:
Presencia que mueve la economía y los barrios
- Fuerza laboral activa: Representan alrededor del 3,9 % del empleo formal, trabajando en comercio, construcción, servicios domésticos y salud. Por ejemplo, la persona que limpia tu casa, el obrero que construye tu edificio o el enfermero que te atiende en el hospital, todos ellos forman parte de la fuerza que mantiene funcionando industrias clave y servicios esenciales.
- Emprendimiento y microempresas: Muchos migrantes crean negocios propios que generan empleo y movimiento económico. Piensa en la panadería de la esquina atendida por una familia paraguaya, el taller de ropa de barrio de un emprendedor boliviano o el restaurante peruano que tanto te gusta, que además de dar trabajo a otros vecinos, enriquecen la oferta local.
- Consumo que fortalece el mercado interno: Sus ingresos se quedan en los barrios y ciudades, comprando en comercios y usando servicios locales. Por ejemplo, las compras que hace el inmigrante en la verdulería del barrio o en la carnicería del barrio, ayudan a mantener vivos estos pequeños negocios.
- Contribución fiscal: Pagando impuestos y aportes a la seguridad social, su trabajo sostiene servicios públicos. Cada vez que comprás algo en una panadería o pagás un café en un restaurante atendido por inmigrantes, indirectamente estás contribuyendo a la economía formal y al financiamiento de hospitales y escuelas.
- Apoyo a sectores con alta informalidad: Su disposición a trabajar en tareas difíciles mantiene servicios e industrias que otros no quieren ocupar. Por ejemplo, los obreros que levantan tu edificio, las personas que limpian calles o los empleados en talleres de confección, sin su esfuerzo estas actividades esenciales se verían comprometidas.
- Motor de desarrollo barrial: Sus negocios generan empleo y movimiento económico. Por ejemplo, la pizzería atendida por una familia italiana, la cafetería de un venezolano o la tienda de ropa de un inmigrante asiático, todos ellos activan la economía local y fortalecen la comunidad.
- Internacionalización de la economía: Algunos mantienen vínculos con sus países de origen, importando insumos o vendiendo productos típicos, lo que abre puertas a mercados regionales y aporta una mirada global a la economía local, haciendo más rica la oferta de productos y servicios.
Quienes trabajan, producen y consumen forman parte activa del movimiento económico. Lejos de ser una carga para el Estado, los inmigrantes aportan con su esfuerzo diario y ayudan a mantener en marcha la producción y el mercado interno argentino, fortaleciendo la dinámica productiva del país.
Lejos de ser un problema, la migración es una oportunidad. Cada trabajador, emprendedor o consumidor extranjero aporta algo que suma: genera empleo, activa comercios e impulsa la economía local. Mirada así, la migración deja de ser un tema de preocupación para convertirse en un impulso silencioso pero constante para la economía argentina, presente en tu barrio, tu restaurante favorito, tu edificio y hasta en el hospital donde te atienden.
Y si algo nos muestran estos ejemplos cotidianos es que valdría la pena replantear los prejuicios hacia los inmigrantes. La idea de que los inmigrantes “se aprovechan del país” pierde fuerza cuando vemos que son parte integral de la vida diaria: trabajan, emprenden, consumen y crean. Reconocer su aporte no solo es justo, sino que también nos permite construir una mirada más realista, inclusiva y humana sobre la economía y la sociedad argentina, donde la diversidad se convierte en un verdadero motor de desarrollo.
