Crocantes, tiernos y listos en minutos. Hay aromas y sabores que realmente nos devuelven a casa.
Por Mariana Gonzalez
Hace frío y estoy lejos de casa. La nostalgia tiene sabor, y en el litoral argentino para los que son fanáticos de lo salado el chipá es más que un pan de queso. Es una escena completa, por lo general, una merienda en una ronda con amigos o familiares mientras charlan y muchos toman mate en una tarde gris. Además, cabe destacar que este bollo forma parte de la vida cotidiana y popular en muchas culturas.

El chipá es una fruta noble libre de gluten que no necesita técnicas complejas ni tampoco de tener que comprar ingredientes tan sofisticados. Su receta tradicional se basa en pocos elementos pero principalmente se destaca la fécula de mandioca. Este es el ingrediente estrella que aporta esa típica textura elástica. También, la mezcla con queso es lo que define aún más su intensidad aromática. Esta combinación resulta en una masa algo crocante por fuera y tierna por dentro con un poco de humedad que permite estirarse al partirla cuando aún está tibia.
Como bien se menciona anteriormente, la receta incluye pocos componentes. La proporción es clave para lograr una masa maleable que no se quiebre ni quede pegajosa. La textura debe permitir formar bolitas compactas sin que se agrieten demasiado en la superficie. A continuación se detallan los ingredientes en forma de lista para que se identifiquen con facilidad y no se pierdan de vista.
- 250 g de fécula de mandioca
- 120 g de queso (rallado)
- 1 pizca de sal (a gusto)
- 1 huevo + 1 clara
- 2 cucharadas de aceite
- 120 g de yogur griego
En el paso a paso se recomienda comenzar a mezclar los ingredientes secos -fécula, sal y queso- en un bowl amplio. Luego se incorporan el huevo, la clara, el aceite y el yogur; integrando necesariamente con las manos hasta obtener una masa uniforme. Si hiciera falta, se puede añadir un chorrito de agua o de leche para ajustar la consistencia. Por consiguiente se forman bolitas de tamaño similar a una nuez y se colocan en una placa con espacio entre ellas. La cocción en la freidora de aire es breve, aproximadamente unos 8 minutos a 180 °C. Por supuesto, otra opción es hacerlo en horno precalentado a 180-200 °C y tardan entre 10 y 15 minutos. El punto justo es cuando la base apenas se dora.
Preparar chipá puede ser una acción bastante sencilla pero no es un simple alimento, sino un ritual. Quizás por eso el antojo de cocinarlos y comerlos es una nostalgia persistente. Hacerlos un día gris, frío y lejos de casa es una forma de reconstruir el hogar en cada bocado reactivando recuerdos, historias y reuniones.
