Entre mensajes, audios, capturas, algoritmos y silencios, San Valentín se volvió una fecha donde el romanticismo y la ansiedad están de la mano. Es posible que el amor se escriba, se edite y también se pueda borrar? Como un chat.
Por Juana Cristofanelli
El 14 de febrero ya no arranca con una carta perfumada ni una rosa en la puerta, empieza con una notificación. A veces tampoco llega y ahí también, empieza el día. En Buenos Aires, mientras las parejas organizan comidas y las marcas lanzan descuentos, una generación que vive San Valentín desde un lado completamente diferente: la pantalla como escenario principal del romance y el amor. Hoy, el amor no se representa con un gesto enorme, sino que una gran suma de detalles mínimos.
Hoy, el amor no se confirma con un gesto enorme, sino con una suma de detalles mínimos: un mensaje, un audio, una reacción, una historia compartida. Según un artículo de Infobae, la presión social de San Valentín puede incrementar la ansiedad y afectar la estabilidad emocional de parejas y solteros, al transformar las expectativas en una especie de “exámen emocional” que lleva a la comparación, la autoexigencia y la dependencia de señales externas para validar el vínculo.
A las 00:01, aparecen las historias de Instagram con corazones, fotos en restaurantes y frases como “mi San Valentín”, “mi 14 de febrero”. Pero también aparecen otras: memes para disimular, ironías para no admitir que duele, y publicaciones que funcionan como escudo. En esta fecha, el amor convive con una emoción que no siempre se nombra: la ansiedad. No por amar, sino por saber si el otro ama igual. Muchas relaciones no se rompen con una conversación, sino con un silencio. Se rompen con un “visto” y nada más.
En una cafetería de Palermo, un chica revisa su teléfono como si no hubiese un mañana, esperando un mensaje. No espera un ramo ni un regalo, simplemente repite sin parar, “Con que me diga feliz día ya estoy”. Aunque no suena a mucha alegría, es una decepción pequeña, que no se le da mucha importancia porque total “no es para tanto”.
Sin embargo, para quien la vive, sí lo es. Porque hoy en dia, el amor se volvió una especie de análisis permanente, si responde rápido, si busca, si etiqueta, si comparte o si sube uhna foto juntos. En muchas palabras, si el vínculo es público, existe.

Lo curioso es que nunca hubo tantas herramientas para decir “te quiero”, y aun así, nunca hubo tanta dificultad para sentirlo real. Se envían reels románticos, pero cuesta preguntar “¿cómo estás?”. Se reaccionan historias con fueguitos, pero se evita hablar del futuro. Se mandan memes, pero no se dicen cosas simples. Según un informe de YouGov (2023), una parte importante de personas declara sentir presión en San Valentín por expectativas sociales y por lo que ve en redes.
San Valentín no es solo una fecha cursi ni una excusa comercial (aunque también lo sea). Es un espejo. Muestra lo mejor y lo peor de cómo se ama hoy: el deseo, la inseguridad, el miedo a estar solos, la necesidad de confirmación. Pero también la ternura, la intención y la elección cotidiana. Quizás el problema no es el 14 de febrero. Quizás el problema es que el amor se volvió visible, medible y comparado. Y aun así, cada año se vuelve a intentar, porque por más que cambie el mundo, nadie se acostumbra a no ser querido.
