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Messi y su adiós a la Selección: «Es el día más triste de mi carrera porque no hay nada más lindo que jugar con la camiseta argentina»

El futbolista más importante de la Argentina le puso punto final a una carrera brillante. El camino no fue color de rosas, Messi tuvo que aprender primero a sufrir para poder festejar. Una multitud lo despidió en la cancha River.

Por Rodrigo Calegari

17 de agosto de 2005, en Budapest. Amistoso de la Selección Argentina contra Hungría. Messi está a punto de hacer su debut más glorioso. De cumplir su sueño más esperado. Mientras Lisandro López lo abraza, Maradona grita desesperado desde la tribuna sabiendo que ahí está su sucesor. Messi corre hacia el centro del campo, un manotazo inocente hace que el árbitro Markus Merk le muestre la tarjeta roja. Messi llora desesperado, toda una vida esperando este momento que apenas duraría 43 segundos. «Un alemán botón», resumiría Diego.

6 de octubre de 2026, en Buenos Aires. El Monumental repleto para verlo por última vez. La Selección Argentina se enfrenta a Benín, un rival lejos de estar a la altura de una despedida como la de Leo, el doctor Messi, el hombre que nos enseña que con sacrificio, constancia y perfil bajo también se puede ejercer el liderazgo. No está Maradona, mira desde el cielo, como tampoco Jorge, el padre que lo acompañó en las buenas y en las malas. Messi levanta los brazos, esta vez no llora desconsolado aunque sabe que esta noche fue la última. La gente canta pero en el fondo está triste porque sabe que no será nada fácil la vida sin él. Desde el palco Antonela y Celia se emocionan. Thiago, Mateo y Ciro cantan como lo que son, los mejores hinchas que Messi tiene y tendrá siempre.

Messi acomoda la pelota. Es un penal y en los penales muestra siempre su lado más humano. Mira al arquero y a la pelota, la gente acompaña en silencio. Messi mira para un lado y la cuelga al otro palo. El silencio termina cuando la pelota acaricia la red y la hace crujir. Los jugadores se acercan para abrazarlo, fue el último pasito de su último baile. Fueron 208 partidos, 126 goles y 68 asistencias. Y cuatro títulos que se hicieron esperar más de la cuenta.

«Hoy me toca vivir el día más triste de mi carrera. Donde les digo adiós a todos ustedes. Jugar en la Selección Argentina es lo más lindo que te puede pasar. Voy a extrañar dejar todo por la Selección. Siempre unidos. Quedó más demostrado que cuando nosotros nos unimos somos más fuertes que cualquiera. Vendrán momentos duros. No es normal lo que se consiguió en todo este tiempo. Los momentos duros y difíciles los dimos vuelta porque tenemos un grupo fuerte. Estoy hablando más que nunca, no me quiero ir de acá. Estoy agradecido a Dios, orgulloso de ser argentino y de haber compartido esto con todos ustedes«. Una postal de un discurso que duró casi 10 minutos y que emocionó a todos.

La gente toma conciencia de que vendrán tiempos difíciles y de sequía. Que se va el más grande jugador de la historia de la Selección, el hacedor de los milagros, el verdugo de Inglaterra y el papá de Brasil. Messi se abraza con todos jugadores que no paran de llorar. Son testigos privilegiados del momento más triste de su historia.

Una historia que fue de Devoto a la gloria, que se plagó de fracasos, críticas, injurias y calumnias. En el que le costó más que a ninguno ser profeta en su tierra. Una tierra que le hizo pagar carísimo el precio de su amor. Era éxito o era nada. Pero Messi también lo sabía. Se fue, volvió y nunca se rindió. Le cambió la portada a su libro de la buena memoria. Se va como un campeón porque ya era un campeón sin haber ganado nada.

Primero hay que saber sufrir…

Los primeros años de Lionel Messi en la Selección Argentina no fueron como lo hubiese soñado. Había salido campeón del Mundo en Países Bajos con la Selección Sub 20 de Francisco Ferraro y convocado para le Mundial 2006. Sin embargo, la imagen más icónica que se recordará de esa Copa del Mundo será rosarino sentado en el banco, frustrado porque José Pekerman había agotado los cambios sin pensar en él aunque pensaba que era «una bendición para el fútbol argentino». El gran primer desengaño a los 18 años.

Alemania 2006. Messi se queda afuera porque Pékerman agotó los cambios. Primera gran frustración.

Después vinieron tiempos raros en la Selección. De rosca y traiciones donde muchos quedaron en el camino menos Lionel Messi. Tras el «fracaso» en Alemania, Alfio Basile asumió como técnico y desde un primer momento puso a Messi y a Riquelme como estandartes. El equipo llegó a la final de la Copa América 2007 pero perdió con Brasil. Y allí empezó la caída del Coco, tras un partido de eliminatorias en Chile. El técnico denunció conspiraciones y muchos apuntaron a Maradona que asumiria tras el interinato de Sergio Batista. Al Checho le estaba creciendo la espalda por la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Beijing, pero Julio Grondona le había prometido a Diego ser DT en un Mundial.

Messi campeón en Los Juegos Olímpicos de Beijing.

Maradona en el banco y Messi en la cancha suponía una sociedad ganadora y con fútbol exquisito. Pero las cosas no fueron como las soñaron. El Mundial de Sudáfrica, a pesar de no haber sido benévolo en las estadísticas, marcó un hito en la vida de Messi y su relación con la Selección. Con 22 años, Maradona le dio la cinta de capitán, esa misma que usó hasta anoche en el Monumental y que también será difícil de reemplazar. Los buenos jugadores pueden aparecer de tanto en tanto, lo difícil de encontrar son esta clase de líderes, que siempre piensan más en el todo que en ellos mismos a pesar de que en cada paso agigantan su figura personal.

Después amar….

Maradona lo trató desde un comienzo como al niño mimado, al heredero de la gloria pero también de las frustraciones y los desengaños. Messi no convirtió ningún gol en los cinco partidos que jugó. La derrota por goleada en cuartos de final contra los alemanes, también hizo que la AFA eyectara a Maradona y repusiera al Checho Batista. Messi seguía esperando su momento.

Messi y Maradona, dos próceres del fútbol argentino. Pero la fórmula no resultó.

La aventura de Batista también duró poco por algunos resultados en las Eliminatorias y porque no terminaba de tener conexión con los jugadores. Asumió uno de los grandes técnicos que tuvo la Selección y el que abrió el camino también de los éxitos posteriores. Alejandro Sabella le devolvió al equipo la conexión con la gente, el propósito, esas ganas de jugar no sólo por ambiciones personales sino con la responsabilidad de representar a un pueblo futbolero. Con Sabella el equipo también empezó a jugar bien y le encontró a Messi el lugar en el que podía dar su mejor versión. «Messi es como Picasso o Miguel Ángel, elevó el fútbol a la categoría de arte», resumió después.

La Selección Argentina volvió a los primeros lugares, los últimos logros ya quedaban demasiado lejos para una Selección plagada de jugadores y futuro. Pero otra vez la derrota le hizo ver a Messi la cara más negra del fútbol. Una final perdida ante Alemania en el Mundial de Brasil, con un arbitraje polémico, casi un robo a mano armada. En tiempo suplementario y con un gol imposible los alemanes le volvieron a cortar las piernas. La Copa, tan cercana, estaba cada vez más lejos.

Messi y un amor no correspondido. La Copa se la quedó Alemania y la imagen de otra frustración de Leo se hacía viral.

Después partir…

Messi seguía sin poder ganar nada con la Selección después de haberlo ganado todo con el Barcelona, de acuñar año tras año los premios más destacados. Pero era uno allá y otro acá. Al menos esa era la crítica de la prensa y el reclamo de la calle. Después de Sabella, que dejó la dirección técnica por un tema de salud, vino el Tata Martino. Otro de los mimamos de Messi y las críticas siguieron: pone a los técnicos, juegan sus amigos. Parecía que este ciclo le iba a poner fin a la sequía pero otra vez la gloria le cerró la puerta en la cara.

Messi llora desconsolado tras el penal errado en la Copa América Centenario de 2016.

En la Copa América de Chile 2015 y en la Copa América Centenario 2016, la Selección perdió contra Chile en la tanda de penales tras dos empates 0 a 0. Messi falló su penal en la última y fue el dato que necesitaba para decir adiós. «Ya está, se terminó para mi la Selección. Son cuatro finales. No es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba. No se me dio pero creo que ya está», dijo como queriendo cerrar una herida que cada vez era más grande. El que había logrado todo, besaba la lona con la camiseta más querida. Y tras sufrir bastante.

«Ya está. Se terminó. Lo intenté pero no se me da. No es para mí», Messi en 2016.

Y al fin andar sin pensamiento….

La ausencia de Messi por la renuncia duró apenas 66 días. Más allá de la declaración plagada de temperamento tras el último fracaso, Messi no se iba a rendir tan fácil. La dirigencia de la AFA seguía sin rumbo y no acertaba con el entrenador. Primero asumió el Patón Bauza, que estuvo menos de un año y luego apareció Jorge Sampaoli, un líder negativo que logró una clasificación agónica para el Mundial de Rusia y se volvió después de una revolución interna en la que los jugadores le terminaron armando el equipo con Mascherano como líder. El equipo quedó eliminado en octavos de final, un fracaso estrepitoso para los grandes jugadores con los que contaba y otra vez con un Messi en su mejor momento. Parecía que era la última chance para el 10, pero Messi siempre está en su mejor momento. «Por qué te matan en la Argentina, papi?», le preguntó alguna vez Thiago. Pero el fútbol, como la vida, siempre te da revancha.

Mascherano y Messi se le plantaron a Sampaoli. Pero la Selección perdió otra chance grande de volver a la cima.

Perfume de naranjo en flor….

Después de tanto sufrimiento por fin llegaron las alegrías. Con el desembarco de Lionel Scaloni, que había sido ayudante de Sampaoli. Todas fueron críticas que auguraban un nuevo fracaso, pero la historia le dio la razón y se pudo consagrar en un estadio mítico como el Maracaná.

Así fue como Messi se pudo sacar la mufa de tantas frustraciones y amarguras. La Copa se iba a jugar en Colombia y la Argentina pero las crisis sanitarias de la pandemia obligaron a los organizadores a declinar. Parecía todo otra vez cuesta arriba para Messi, pero se llevó la primera gran alegría con la Celeste y Blanca. Con gol de Di María y ante Brasil, la Argentina se consagró campeón de América. Sería el puntapié inicial de una seguidilla de éxitos que hicieron que Messi olvidara su pasado y se ganara para siempre el amor incondicional de la gente. Todos tenían como objetivo regalarle el triunfo al capitán.

Primer título de Messi con la camiseta argentina: Copa América de Brasil ante un Maracaná enmudecido.

Después llegó Qatar. Un mundial raro donde el equipo empezó perdiendo con Arabia Saudita y que se complicó con México hasta que Messi abrió el partido con un zurdazo rasante desde afuera del área. Fue de menor a mayor, con Messi apareciendo en los momentos justos para los goles y las asistencias importantes. En el mata mata, Argentina tampoco estuvo muy sólida, un pobre 2 a 1 frente a Australia, un empate ante Países Bajos y recién contra Croacia apareció la Scalonetta en todo su esplendor con un 3 a 0 inobjetable. La final con Francia fue durísima también, parecía que los galos se iban a comer un paseo, pero con Mbappe eso es imposible. Terminaron empatados y fue el Dibu Martínez el héroe del mundial tan soñado por Messi y todos los argentinos. La tercera estrella que se había hecho esperar 36 años. «Y al Diego desde el cielo lo podemos ver, con Don Diego y con la Tota, alentándolo a Lionel», como rezaba el hit que más se escuchó en esa Copa Mundial.

Messi y su trofeo más deseado. También se ganó el del mejor jugador del certamen. Un sueño hecho realidad.

Desde que terminó el Mundial de Qatar, cada presentación de Messi podía ser la última. Se le animó a la Copa América de Estados Unidos y aguantó hasta la final contra Colombia, donde terminó llorando por una grave lesión en el tobillo. El equipo se hizo cargo, Paredes levantó el estandarte y armó de puro guapo la jugada del gol de Lautaro Martínez. Fue otra gran alegría para Messi y una excusa para pensar que se podía llegar al Mundial 2026. También se ganó la Finalissima ante Italia, en Wembley. Todos pensaban también que sería la frutilla del postre para Messi pero quería más y siguió aceptando las convocatorias de Scaloni y a prepararse para su último mundial.

Messi levanta el trofeo de la Finalissima. Argentina le ganó con autoridad a Italia en Wembley.

Se mudó del PSG al Inter de Miami, lo que deportivamente podría leerse como un retroceso pero que fue clave para llegar de la mejor manera al Mundial. Messi hizo bien los deberes, se preparó pensando en el Mundial desde mucho tiempo antes. Ese era su gran objetivo. Inter de Miami le abrió sus puertas y con poco Messi logro ser la gran figura de la liga. Pero todos sospechaban que con ese nivel iba a desentonar en el Mundial.

Así levantó Argentina la Copa América: el gestazo de Messi y los premios  para Dibu y Lautaro Martínez - TyC Sports
Ángel di María, Lionel Messi y Nicolás Otamendi, con la Copa América 2024.

Promesas vanas de un amor…

Desde el primero hasta el último de la Scalonetta sabía que el Mundial 2026 iba a ser una especie de homenaje in situ para el mejor jugador de la historia de la Selección Argentina. Había que ver cómo estaba Messi frente a rivales de otra jerarquía, no por talento sino porque la liga de los Estados Unidos sigue dejando bastante que desear y nunca termina de consolidarse. Sin embargo desde un primer momento Messi se destacó por sobre el resto, no sólo de los argentinos, si no que su figura volvió a ponerse en lo más alto a nivel global. Al talento y a la magia, esta vez el Diez le sumó épica y sacrificio y lograron llegar hasta la final dando vuelta partidos que parecían perdidos hasta el último minuto, como los de Costa de Marfil o Inglaterra.

Messi de rodillas luego de dejar en el camino a los ingleses. Fue la frutilla de su noche más brillante.

Y fue contra los ingleses donde se produjo la verdadera consagración de Lionel. La Selección y las Islas Malvinas son las únicas dos causas nacionales en las que no existe grieta alguna. Y con una actuación impresionante, donde quedó en claro que todo lo que había hecho hasta ese día había sido por una única razón: un amor incondicional por la camiseta de la Selección. Esa que anoche quedó vacante y que pasarán muchos años hasta que alguien la pueda hacer brillar como lo hizo él.

Todos los artistas que serán parte de la despedida de Messi
El último saludo del mejor jugador de la historia de la Selección Argentina.Y sí, también lo superó a Maradona.

7 de octubre de 2026. Todos nos sentimos un poquito más solos y más tristes. Messi ya es historia y no volverá a jugar para Argentina. El fin de un amor que no terminará nunca, como dijo Maradona en su despedida del fútbol. Con 39 años y un doctorado honoris causa de la UBA por sus capacidades humanas, Messi se despidió de todos en el Monumental. Y esta vez no habrá vuelta atrás. Y en este tipo de despedidas «no traumáticas» siempre aparece la duda de lo que pasará el día después. Y Messi volvió a validar su decisión de irse y recordó a Maradona con un mimo. «No quiero olvidarme de Diego, que puso a nuestro país en el lugar que se merece estar».

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