El piloto de Alpine se despidió de las redes sociales con un contundente mensaje a sus fanáticos tras las quejas de la F1 y Flavio Briatore contra los mensajes de odio. «Hay veces que nos pasamos de la raya», dijo el argentino.
Por Rodrigo Calegari
En la Fórmula 1, como en el amor, las relaciones pueden tornarse tóxicas. Franco Colapinto, la gran aparición argentina de los últimos tiempos supo gozar de los beneficios de ser un tipo entrador y simpático. Con apenas algunas carreras en la máxima categoría y pocos logros para ponerse en algún pedestal, las redes sociales lo catapultaron como a uno de los ídolos de máxima llegada para los fanáticos.

Pero esa devoción ya mostraba desde sus comienzos algunos síntomas de intolerancia, pero sobre todo de desigualdad porque todos se creyeron con derecho a todo pensando que de esa manera Colapinto iba a llegar a un podio a correr con las mejores escuderías. En ese dilema de amor y odio tuvo como primer destinatario a Alexander Albon, el compañero de Franco en Williams. Cada maniobra, cada declaración, cada decisión del equipo que pareciera beneficiar al tailandés.
Paradójicamente cuando pasó a la escudería Alpine, el archienemigo de Colapinto no fue otro que su propio compañero de equipo Pierre Gasly, el francés que tiene una década en la Fórmula 1 y que recibió de brazos abiertos al argentino. La primera alarma fue tras el séptimo puesto de Colapinto en Países Bajos, donde miles y miles de mensajes criticaban al francés por no haber dejado pasar a Franco mientras Oscar Piastri le comía el espejito.

Después de esa carrera Colapinto ventiló que «hay un poco de pica» siempre entre los compañeros de equipo y que las cosas se complican cuando «la adrenalina está alta y sólo queremos competir». Fue un mensaje devastador para el francés, que empezó a recibir amenazas por las redes sociales. Y hasta su novia fue blanco de los ataques en las redes sociales. Los fans se habían pasado de la raya y la preocupación se trasladó a las máximas autoridades de la Fórmula 1 que rápidamente sacaron un comunicado condenando el odio en las redes.
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Y llegó la desafortunada carrera de Colapinto en Azerbaiyán, donde por una mala maniobra del argentino y un error de cálculo en la frenada se llevó puesto a Gasly y dejó fuera de competición a Lando Norris, que en seguida pidió la cabeza del piloto argentino: «Eso no es conducir, no merece estar en la Fórmula 1», sentenció pero a los pocos días y en frío se disculpó con Colapinto.

Otra vez se encendieron todas las alarmas y Flavio Briatore fue contundente: «Si siguen los mensajes de odio, Colapinto dejará de hablar con los medios argentinos». Hubo un intento de los fanáticos de revertir la situación, y llenaron de elogios a Gasly de manera irónica. Esto enfureció más a las autoridades de la categoría, pero por sobre todas las cosas a los de Alpine.
Y Franco tuvo que salir a poner un freno. «Hay veces que que nos pasamos de la raya, que en vez de apoyarme terminamos criticando, terminamos atacando a otros pilotos, a otros colegas, a mis compañeros de equipo, a mis mecánicos, a mis ingenieros, gente con la que trabajo día a día”, dijo en un video que subió a sus redes para despedirse del mundo digital.
Pero Colapinto fue un poco más allá: “S que están pensando que me están defendiendo, pero están generando lo contrario. No me ayudan, ni a mí ni a mi futuro, y realmente quiero que entiendan que eso es lo que tenemos que cambiar todos juntos”. Y agregó: «Tenemos que intentar mejorar como sociedad, y para ayudarme a tener una mejor performance, para ayudarme a seguir consiguiendo mi sueño, necesito que me ayuden a parar esto todos juntos».
La suerte ya está echada. Colapinto se despidió de las redes porque quiere enfocarse en lo deportivo y en empezar a conseguir logros en la Fórmula 1. Por ahora es un gran proyecto de piloto con una gran potencia mediática y digital, que es muy importante también en término de negocios. Pero cuando esa popularidad se convierte en un boomerang y te perjudica, hay que frenarlas. Así son las redes sociales.
