El fenómeno de las tendencias “core” y el formato vertical obligan a las marcas de lujo a diseñar pensando en la pantalla del celular antes que en el cuerpo humano.
Por: Josefina Londero
Lo que antes se decidía en herméticos despachos de París o Milán, hoy se cocina en el algoritmo. La moda ya no responde únicamente al calendario de las semanas internacionales ni a la mirada de editores especializados: responde a métricas, visualizaciones y tiempo de retención. El poder simbólico se desplazó del atelier al scroll, y el celular se convirtió en la nueva pasarela global.
Del atelier al algoritmo
Fenómenos como el Barbiecore o el Quiet Luxury no nacieron estrictamente en pasarelas tradicionales, sino que fueron amplificados por formatos como el GRWM (Get Ready With Me), donde la narrativa visual de pocos segundos es la que verdaderamente instala una prenda en el imaginario colectivo. El diseño ya no solo debe ser estético: debe ser filmable, compartible y viralizable.
La estética actual está condicionada por lo que podríamos llamar “visibilidad digital”. Informes recientes sobre la industria de la moda señalan que las marcas que no adaptan su contenido al lenguaje nativo de las redes sociales pierden relevancia frente al público joven. Ya no basta con una imagen estática; el usuario exige movimiento, sonido y, sobre todo, autenticidad. “En TikTok, la ropa no se mira: se vive. El diseño ahora se piensa para que funcione en un video de 15 segundos con música en tendencia.”
La nueva primera fila
El front-row de las semanas de la moda dejó de estar ocupado exclusivamente por editores de revistas para abrir paso a creadores digitales armados con smartphones. La autoridad se descentralizó. La legitimidad ya no proviene solo de una firma editorial, sino del nivel de interacción que genera una publicación.

El impacto no es únicamente comunicacional, sino también técnico. El uso de Inteligencia Artificial aplicada a la predicción de tendencias permite anticipar qué colores, cortes o textiles tendrán mayor probabilidad de viralización. La cadena de producción se acelera al ritmo de un algoritmo que no duerme, acortando los tiempos entre la inspiración y la comercialización.
A continuación, puedes observar cómo las marcas de alta costura han tenido que bajar al «terreno» de los creadores de contenido para no quedar obsoletas. El impacto no es solo comunicacional, sino también técnico. El uso de Inteligencia Artificial para predecir qué colores serán virales está modificando las cadenas de producción a una velocidad nunca antes vista.
Los números confirman esta transformación:
- 80% de los usuarios de la Generación Z descubren nuevas marcas a través de videos cortos.
- 65% de las marcas de lujo incrementaron su presupuesto en marketing de influencers durante 2024.
La moda, entendida históricamente como un sistema cerrado y jerárquico, se convirtió en una red horizontal de relatos compartidos en tiempo real.
El periodista como curador
En este nuevo escenario, el rol del periodista de moda también se redefine. Ya no se trata únicamente de describir colecciones, sino de traducir el flujo digital en análisis con sentido social. El hipervínculo —aunque invisible en el papel— funciona como el nuevo hilo de costura: conecta tendencias con contexto histórico, sostenibilidad, economía y cultura visual.
Para los estudiantes de moda y comunicación, el desafío no es competir con el algoritmo, sino comprenderlo. Porque mientras un diseñador ajusta una pinza en su taller, en algún lugar del mundo un sistema de datos ya está definiendo el color de la próxima temporada.
La moda ya no es solo una industria de objetos. Es una industria de narrativas que circulan, se replican y se transforman en una red global que no duerme. Y en ese escenario, interpretar el algoritmo puede ser tan importante como saber trazar un molde.
