La Inteligencia Artificial se instala con fuerza en el campo del Diseño Gráfico, diseña, propone y produce. ¿Estamos frente al fin del diseñador gráfico tal como lo conocemos?

Fotografía tomada de un banco digital artificial.
Por Mariana Gonzalez
Como bien sabemos la disciplina del diseñado gráfico se centra en comunicar conceptos e ideas en mensajes gráficos de forma funcional y atractiva. Hoy en día se ve alterada por la llegada de la Inteligencia Artificial por su capacidad de creación en segundos.
La inteligencia artificial (IA) se posiciona como una herramienta relevante en el trabajo del diseño gráfico. Para comenzar su capacidad de análisis, procesamiento de datos visuales y generación de contenidos permite optimizar el proceso del usuario sin influir en la capacidad ni la intención conceptual del diseño.
En términos de la agilidad y productividad creativa, la IA contribuye a la reducción de tiempos de ejecución sin comprometer concepto estratégico. Por ejemplo, al generar una propuesta ofrece variaciones visuales automáticas que permiten explorar múltiples rutas en paralelo, excluyendo la repetición para liberar espacios y poder enfatizar la tarea de análisis y conceptualización. Lo que es más, la automatización de tareas mecánicas y repetitivas permite al usuario centrarse en lo que realmente aporta valor. Esto nos lleva al siguiente punto a favor que es la exploración visual sin límites técnicos. También en velocidad y automatización, la IA puede generar imágenes, renders, variantes de diseño y esquemas de color en cuestión de segundos. Y por último, la eficiencia, permite la realización de tareas en tiempos reducidos permitiendo un mayor enfoque como en estrategia.
Es necesario recordar que un diseñador gráfico se desenvuelve en diferentes áreas como el branding, identidad corporativa, publicidad, dibujo técnico y artístico, y multimedia entre otros. Esto lo convierte en un profesional formado en diversos campos académicos debido a su capacidad de entender sobre anatomía, psicología, fotografía, técnicas de pintura e impresión, matemáticas, marketing, animación digital, modelado 3D e incluso programación. Como puntos extras, este trabaja con la estrategia y el branding creando marcas con propósito, coherencia y por sobre todo, conexión emocional. Además desde su razonamiento entiende matices sutiles, objetivos abstractos y la emoción que conlleva la realización de un proyecto. Es por eso que su valor no reside únicamente en ejecutar, sino en pensar interpretando contextos, comprendiendo públicos y en la toma de decisiones estratégicas.
Paralelamente existen factores negativos de la inteligencia artificial. Por un lado, lo visual se genera de forma homogénea, es decir, tiende a reproducir estilos dominantes y formulas repetidas. También aparecen problemas legales e incluso éticos por el uso de obras sin consentimiento, autoría difusa y demás, como la veracidad de lo que plantea, ya que muchas veces suele inventar respuestas erróneas sin fuentes que lo justifiquen. Por último, la automatización puede pauperizar el pensamiento crítico e incluso generar una tarea sin profundidad conceptual.
Otras debilidades también se hallan en el campo del diseño gráfico. Una de ellas es la limitación del tiempo y la productividad, ya que necesita trabajar de forma continua para dar con la forma adecuada del proyecto. Además, en comparación con la IA, los costos económicos son más altos, pueden influir también emociones de frustración cuando se toma decisiones erróneas o incluso su sobrecarga de tareas múltiples.
En resumidas cuentas, la inteligencia artificial puede lograr mucho de lo que realiza el diseñador gráfico, sin embargo no viene a eliminar su rol sino a transformarlo, tal como ocurrió en su momento con la llegada de la computadora. Por lo tanto, la disciplina se enfrenta a una nueva etapa en la que comprende a la IA como una herramienta a la par, donde la creatividad humana y la artificial avanzan de la mano.
