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La joven argentina que busca cambiar el futuro de la medicina cardiovascular

Todos buscaban la respuesta. Ella empezó por la pregunta. Durante su doctorado, una joven investigadora argentina decidió estudiar un tejido que el cuerpo humano utiliza para generar vida. Esa decisión dio origen a un hidrogel que hoy podría abrir un nuevo camino para tratar el daño que deja un infarto y, a futuro, contribuir a reducir los casos de trasplante cardíaco.

Por Camila Scolati

Cuando pensamos en diseño, solemos imaginar una silla, una lámpara o un teléfono celular. Pensamos en la forma, en los materiales o en la estética de un producto. Sin embargo, el diseño también aparece cuando alguien decide cuestionar una solución que todos dan por sentada. Antes de dibujar un producto, un diseñador cambia la manera de mirar un problema. Y, muchas veces, las mejores ideas nacen exactamente ahí, en una pregunta distinta. Diseños que no buscan hacer un objeto más atractivo, sino ofrecer una nueva oportunidad para vivir.

Eso fue lo que comenzó a construir Pilar Ferrer, una joven bióloga argentina de 25 años, junto a su equipo de investigadores de la Universidad Favaloro y el CONICET. Cuando le preguntaron en una entrevista en El Trece, por qué había elegido ese camino, su respuesta llamó la atención por una frase que, sin proponérselo, también describe el corazón del diseño.

"Me encantaba entender cómo funcionaba todo el cuerpo humano, los animales. Elegí la orientación en biotecnología porque justamente consiste en usar lo que se sabe del laboratorio para crear productos o servicios que le sirvan a la sociedad o que puedan crear valor."
- Pilar Ferrer

Habló de entender cómo funcionan las cosas para transformarlas en soluciones. Entonces este diseño empezó antes, con una pregunta.

¿Qué pasaría si, en lugar aceptar el daño que deja un infarto como irreversible, pudiéramos ayudar al propio organismo a repararse mejor?

Cada año, miles de personas sufren un infarto. Cuando una parte del corazón deja de recibir oxígeno, las células mueren y el cuerpo responde formando una cicatriz. Esa cicatriz mantiene unido al órgano, pero tiene una gran limitación es que ya no puede contraerse como el músculo cardíaco sano. El corazón continúa funcionando, aunque nunca vuelve a hacerlo de la misma manera. Con el tiempo puede debilitarse, cambiar su forma y, en los casos más graves, conducir a una insuficiencia cardíaca que incluso requiera un trasplante.

"Después de un infarto el corazón, al ser un órgano tan especializado, no tiene capacidad de regeneración. Lo que intentamos es disminuir esas cicatrices para evitar la insuficiencia cardíaca, que es cuando el corazón ya no puede funcionar más y necesita un trasplante", explicó Ferrer durante la entrevista.

Durante años, los investigadores aceptaron esa cicatriz como una consecuencia inevitable. El equipo del que forma parte Ferrer decidió mirar el problema desde otro lugar.

Los investigadores estudiaban la membrana amniótica, un tejido que rodea al bebé durante el embarazo y que desde hace años se utiliza en medicina para favorecer la cicatrización de heridas complejas y algunas lesiones de la córnea, gracias a sus propiedades regenerativas. En lugar de preguntarse cómo utilizar directamente esa membrana sobre un corazón —algo prácticamente imposible de aplicar de manera estandarizada— decidieron hacerse una pregunta diferente: ¿qué tiene este tejido que ayuda tanto a regenerar? ¿Podemos imitar esas propiedades en un material completamente nuevo?

Quiso entender por qué funcionaba. Ahí apareció la verdadera innovación. En lugar de copiar el tejido, el equipo decidió copiar su comportamiento. No intenta reemplazar el tejido original, sino aprender de él.

"Un tejido tiene células y un soporte. Nosotros usamos ese soporte, que tiene moléculas regenerativas."

Ese hidrogel, un material blando, compuesto principalmente por agua, diseñado para alojar y liberar de forma controlada moléculas que favorecen la reparación del tejido cardíaco, se inyecta directamente en la zona lesionada del músculo cardíaco. Su objetivo es activar mecanismos biológicos que favorezcan la recuperación: disminuir la inflamación, estimular la formación de vasos sanguíneos y generar condiciones más favorables para que el propio organismo responda mejor.

Actualmente, el proyecto continúa en etapa preclínica. La propia Ferrer estima que el proyecto atraviesa apenas entre un 20 y un 30 % del camino necesario para llegar a pacientes. El hidrogel ya fue evaluado en estudios celulares y avanza en ensayos. La idea del equipo es que, en el futuro, pueda aplicarse directamente sobre la zona lesionada durante una cirugía de bypass coronario. Allí permanecería el tiempo suficiente para liberar gradualmente las moléculas regenerativas y luego degradarse de manera natural, sin necesidad de ser retirado. Quizás ahí aparece una de las enseñanzas más interesantes de esta historia.

Muchas veces creemos que diseñar consiste únicamente en darle forma a un objeto. Sin embargo, el verdadero diseño suele empezar mucho antes, cuando alguien decide cuestionar una solución que parecía definitiva. El diseño, muchas veces, no consiste en inventar desde cero. Consiste en observar con atención, entender por qué algo funciona y transformar esa idea en una solución para un problema completamente diferente. Detrás de las mejores innovaciones, casi siempre aparece alguien que decidió mirar un problema desde un lugar donde nadie más estaba mirando.

Todos buscaban la respuesta. Ella empezó por la pregunta.

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