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Revaloricemos lo artesanal: la moda frente al avance de la inteligencia artificial

La creciente incorporación de la IA en los estudios de diseño de grandes casas de moda marca un punto de inflexión en una industria definida por el boceto a mano, la prueba sobre maniquí y el trabajo minucioso en talleres.

Por: Abril Avilés

La creciente incorporación de inteligencia artificial en los estudios de diseño de grandes casas de moda marca un punto de inflexión en una industria históricamente definida por el boceto a mano, la prueba sobre maniquí y el trabajo minucioso en talleres. Hoy, los algoritmos generan siluetas, combinaciones textiles y propuestas estéticas en cuestión de segundos. Para algunos, se trata de una revolución creativa; para otros, de una amenaza a la esencia misma del arte. En este contexto, surge una pregunta clave: ¿Qué lugar ocupa lo humano en una moda cada vez más automatizada?

Desde el sector tecnológico, las posturas celebran la innovación. Scottie Gurwitz, gerente principal de línea de productos de Puma, afirmó en un comunicado que “la IA no cumple con las mismas reglas que los diseñadores humanos, lo que nos ayuda a ver las cosas de nuevas maneras”. Esta mirada plantea a la inteligencia artificial como una herramienta que amplía posibilidades, acelera procesos y permite experimentar sin las limitaciones tradicionales. Sin embargo, la adopción acelerada de estas tecnologías también abre debates sobre la creatividad, la autoría y la propiedad intelectual, ya que muchos sistemas de IA generan diseños a partir del análisis de grandes bases de datos de creaciones preexistentes, lo que puede derivar en similitudes problemáticas.

El arte ha sido históricamente una de las formas más puras de expresión humana: un canal donde el alma exterioriza inquietudes, emociones y visiones del mundo. La creatividad no es solo una capacidad técnica, sino una dimensión profundamente ligada a la experiencia humana. Cuando los procesos creativos se delegan en algoritmos, surge la preocupación de que el arte pierda aquello que lo hace único: su concepción desde lo humano. La IA puede imitar estilos, combinar referencias y producir imágenes impactantes, pero no vive, no siente ni atraviesa contextos culturales. La esencia humana, esa que nace de la memoria, la historia y la sensibilidad, sigue siendo irreproducible.

Frente a este escenario, cobra fuerza la necesidad de revalorizar lo artesanal. Un producto hecho a mano no es únicamente un objeto de consumo: es historia, cultura, conocimiento y dedicación acumulados durante generaciones. En el Perú, diseñadores como Jorge Luis Salinas trabajan por resignificar la moda peruana y proyectarla al mundo desde sus raíces culturales. De igual manera, la marca de calzado Jennifer Hu desarrolla una profunda investigación sobre la cultura ayacuchana ,origen de su fundadora, y colabora con artesanos locales para integrar telares tradicionales en sus creaciones. En estos casos, el valor no reside solo en el diseño final, sino en los saberes milenarios de tejido, bordado y teñido natural que se transmiten y preservan.

Maestra tejedora del taller de Jorge Luis Salinas, diseñador peruano.  
Foto: Archivo Jorge Luis Salinas.

La discusión no debería centrarse en una oposición radical entre tecnología y tradición, sino en cómo regular ética y responsablemente el uso de la inteligencia artificial en la industria de la moda y el arte. La colaboración entre humanos y máquinas puede abrir un futuro híbrido en el que la tecnología amplifique las capacidades creativas sin desplazar el corazón humano del proceso. Revalorizar lo artesanal no implica rechazar el progreso, sino reconocer que ningún algoritmo puede copiar la esencia de lo humano: esa mezcla de historia, identidad y emoción que convierte a la moda en una forma de arte viva.

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