Cómo la inteligencia artificial está cambiando la forma en que compramos ropa, y qué gana y qué pierde la experiencia de vestirse cuando la decide un algoritmo
Por María Eugenia Giménez Villamil
Imaginá elegir una campera sin salir de tu casa, sin hacer cola en un probador ni mirarte en un un espejo de luz fluorescente. Subís una foto, tocás un botón y en segundos ves cómo te queda esa prenda sobre tu propio cuerpo. Esto que hasta hace poco parecía ciencia ficción ya es una realidad instalada en Argentina, y está redefiniendo por completo la relación entre el consumidor y la moda.
Google fue una de las primeras grandes tecnológicas en traer esta tendencia al país con “pruébalo”, una función integrada a Google Shopping que utiliza inteligencia artificial generativa para mostrar cómo luciría una prenda sobre el usuario. La herramienta permite cargar una foto de cuerpo entero y visualizar el resultado en segundos, sin necesidad de pisar un local físico. Un dato no menor, la compañía asegura que la herramienta es exclusiva para adultos y que no recolecta datos biométricos ni utiliza las imágenes para entrenar sus propios modelos, un guiño a las preocupaciones de privacidad que suele generar este tipo de tecnología.
Pero la revolución no es solo de las gigantes globales. En el ecosistema local ya hay desarrollos propios que están transformando la industria desde adentro. Delfi, una inteligencia artificial argentina, trabaja directamente con marcas de moda generando contenido visual que reproduce con fidelidad la caída de las telas y la textura de cada prenda, adaptándose al ADN visual de cada firma. Su impacto es tan concreto que un recambio de catálogo que antes demandaba semanas de producción fotográfica hoy puede resolverse en apenas 72 horas. Por otro lado, Milalo apuesta a un modelo distinto, un probador virtual que se integra directamente a las tiendas online, donde el usuario final ve la prenda sobre su propia imagen mientras la marca recibe métricas de interacción y de compra.

Ahora, ¿qué significa todo esto para quienes amamos la moda como oficio y como forma de expresión? Por un lado, la promesa es tentadora, menos devoluciones, menos ansiedad al comprar online, más accesibilidad para quienes no tienen un local cerca. Por otro, surge una pregunta incómoda, si un algoritmo decide cómo “debería” quedarnos la ropa, ¿qué lugar le queda a la experimentación, al error, al placer casi ritual de pararse frente a un espejo real y descubrir un estilo propio? La moda siempre fue, entre otras cosas, un acto de cuerpo presente.
Lo cierto es que esta tecnología llegó para quedarse. Según relevamientos del sector, buena parte de las marcas de indumentaria en Argentina ya está incorporando inteligencia artificial, principalmente en catálogo, marketing y publicidad, aunque todavía queda un largo camino por recorrer. La pregunta que queda flotando no es si la IA va a seguir metiéndose en nuestro placard virtual, sino cuánto de lo humano vamos a decidir conservar en el camino.
